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El declive de la civilización ha llegado, (o eso dicen algunos)

29 enero, 2013
Decline of the West

Leo todo lo que puedo sobre demasiados temas, sobre internet, tecnología, nuevas tendencias, economía y política y muchas veces, los todo está relacionados entre si. Es el caso del debate sobre el final de la innovación y el crecimiento económico.

Desde hace algo más de un año, escucho más y más a un grupo de personas, del ámbito de la teoría económica que postulan que el final de la innovación ha llegado. Se acabaron las revoluciones industriales, el incremento del nivel de vida (al menos en los países desarrollados, el resto, como mucho llegarán al nuestro, lo que no es una mala noticia por si misma). Al primero que leí, que profundizaba en el tema fue a Tyler Cowen que en su libro “The Great Stagnation“, viene a decir que la crisis que estamos aún padeciendo se produce no realmente por la burbuja financiera, sino porque nuestro crecimiento de los últimos años ha dejado de ser industrial y ha pasado a ser puramente financiero, sin crear valor alguno. Según él esto se produce porque ya hemos alcanzado toda la mecanización y casi todos los avances que se encontraban al alcance de la mano. Hoy en día, ya no innovamos con la rapidez de antes, los equipos de investigación tienen una maduración de producto mucho más larga que al comienzo de la revolución industrial y ser un inventor como lo fue Edison, es actualmente imposible. Hasta aquí hemos llegado y poco más nos queda que prepararnos para el estancamiento crónico de nuestra economía, el declive de nuestra raza. La inevitabilidad de la catástrofe que se nos viene encima.

Este señor no se encuentra solo, hay una discusión al respecto  en el mundo anglosajón bastante interesante. Por su parte, el profesor de economía Robert J. Gordon, (aquí en una entrañable foto con su perrito) de la Northwesten University de Ilinois, defiende en un muy interesante working paper “Is U.S. Economy Over? Faltering innovation confronts the six headwinds” más o menos lo mismo, analiza la aceleración del crecimiento económico desde la primera revolución industrial hasta la actualidad, donde afirma que el estado actual de la economía es el reflejo de que han terminado los efectos de la tercera revolución industrial, relacionada con la automatización de los Sistemas de Información y la informatización, la cual dicha sea de paso ha supuesto una transformación mucho menos profunda de la sociedad que las anteriores. Afirma que todos esos gadgets de los que tanto nos gusta presumir, la telefonía móvil, nuestros vistosos Ipads solo son avances cosméticos, no productivos que no nos van a llevar a otro nivel como si hicieron las otras revoluciones industriales.

La verdad que aunque me tome un poco a risa el tema, no ha dejado de preocuparme bastante que no vaya a vivir mejor cuando sea viejito, pero sin entrar en la parte filosófica sobre la irreversibilidad del desarrollo humano, pienso que aún estamos arañando la superficie de lo que nos aportará esta última revolución en cuanto a mecanización y capacidades, lo cual traerá otras consecuencias y problemas, pero no el hundimiento de nuestro mundo tal y como lo conocemos.

Supongo que esta crisis, al igual que otras nos hace percibir un techo o una sensación de final que no está ahí, como muestra, tras la caida del mundo comunista a finales de los ochenta, en los círculos de historiadores se debatió durante años sobre si habíamos llegado a “El final de la Historia” como defendía Francis Fukuyama o simplemente estábamos en un momento simplemente de cambio como decía nuestro Josep Fontana. Al final aunque el señor Fukuyama siga dando clases en Stanford y sea una de las figuras del establishment republicano, dicho debate fue superado y quedó obsoleto, vamos, paparruchas.

Hay demasiadas tecnologías de las cuales no sabemos dónde van a llegar, que se encuentran en su infancia,  como la impresión 3D que puede hacer que la deslocalización de las empresas sea cara y superflua, la revolución de las renovables que permitirán la producción de energías a costes marginales (tal cual sucede hoy en día con los productos culturales y software en el mundo digital) y que nos presentan un futuro menos trágico que el de estos sesudos profesores. en cualquier caso, si no os convencen mis argumentos y necesitáis alguien reputado que esté de acuerdo conmigo, siempre nos quedará Paul Krugman.

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